El creador: más grande que Alí

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12 junio, 2016 por Charrua Hapkido y Tkd Paysandu

Jack Johnson, primer campeón mundial negro, escribió el guión original del personaje que murió días pasados.

JORGE SAVIA     12 jun 2016

 

Desde hace muchos años el combo formado por los nombres de Cassius Clay y Muhammad Alí identifica en la historia del boxeo universal a mucho más que la imagen y la trayectoria de “El más grande”, como se autoproclamó —sin que nadie jamás lo desautorizara— quien fuera tres veces campeón mundial de peso pesado.

Es que Alí fue innovador, adelantado, revolucionario, y un verdadero transgresor, tanto por su fino, ágil y novedoso estilo arriba del ring, como por su forma de actuar, abajo; en la vida diaria, para autopromocionarse en humillante detrimento de sus rivales, y como activo defensor de los derechos civiles, y en forma muy particular los de su raza, aún no reconocidos plenamente en EE.UU. cuando ganó la corona por primera vez el 25 de febrero de 1964 y todavía se discutía en el Congreso la ley para que los negros pudieran votar y asistir a las escuelas públicas mezclados con los blancos.

Sin embargo, aunque precursor auténtico y espontáneo, Alí no fue un creador genuino, de ese tipo de personaje: retomó el guión original —sin imitarlo, porque el sello de su impronta fue incuestionable— que, como él mismo dijo, había escrito Jack Johnson sobre fines del siglo XIX y en los albores del pasado.

“Él fue todavía mejor que yo, porque en su época ser negro era mucho más difícil”, enfatizó Alí, aunque luego de coronarse campeón olímpico en Roma, en 1960, haya tirado la medalla de oro al río Ohio después que en Lousville —su ciudad natal— le prohibieron la entrada a un restaurante por el color de su piel, y pese a que recién 35 años más tarde, cuando fue el abanderado de su país que encendió la llama olímpica en el comienzo de los Juegos de 1996 en Atlanta, el gobierno de Bill Clinton le obsequió una réplica de la presea que había lanzado al agua, en lo que pareció ser un “desagravio de Estado”.

Tenía razón Alí, al fin y al cabo. Arthur John “Jack” Johnson, nacido el 31 de marzo de 1878 en Galveston, Texas, fue el primer negro campeón mundial de peso pesado y mantuvo su reinado desde 1908 hasta 1915, pero tuvo que vencer muchos obstáculos para lograrlo, no sólo por proceder de una familia de esclavos, sino por su actitud arrogante frente a los rivales y en la vida diaria, donde gustaba pasearse en lujosos autos deportivos, lucir costosos abrigos de piel, y caminar con dos mujeres blancas del brazo o el leopardo que tenía de mascota, mientras sus dientes de oro brillaban al influjo de los extravagantes sorbos de champán que solía dar en plena calle.

Además, teniendo puntos de contacto con el estilo que caracterizó a Alí más medio siglo más tarde, Johnson no iba al frente igual que una topadora, como todos los boxeadores de la época: mantenía la distancia con sus rivales, peleaba defensivamente a la espera de un error y, cuando éste se producía, tiraba golpes y los esquivaba con posiciones sorpresivas y poco convencionales, lo que hizo que gran parte del periodismo especializado lo tildara de “cobarde”; aunque ninguna de las trabas y peripecias que pasó y afrontó “El gigante de Galveston” fueron tan duras y hasta oprobiosas como la que le impuso el color de su piel en tiempos donde los negros podían protagonizar con los blancos, pero no por títulos mundiales; sólo los segundos tenían acceso a ese tipo de combates.

 

De esa forma, Johnson debió perseguir al canadiense Tommy Burns, que en 1907 le sacó el título a Marvin Hart, por todos los países en donde peleaba: Irlanda, Francia y Australia; además de combatir en los mismos lugares, se sentaba en la primera fila del ring side y se hacía ver, gritándole que le diera una chance.

Al final, la oportunidad llegó, pero en circunstancias muy particulares; fue el 26 de diciembre de 1908 en Sydney, después que Johnson aceptara cobrar 5.000 dólares contra los 35.000 que recibió el campeón, y que el propio manager de Burns sería…¡el árbitro! No importó: el retador ganó por KO en el 14° round, tras imponer una supremacía en el marco de la cual golpeaba al canadiense y le gritaba “¡vamos Tommy! ¿no sabes pegar más fuerte?”, mientras el rostro del campeón se iba bañando en sangre.

Luego del regreso de Johnson a Estados Unidos y a raíz de sus actitudes extravagantes y tres casamientos con mujeres blancas, la sociedad racista le buscó con frenesí un rival —blanco, claro— que lo destronara, y después que “El gigante de Galveston” aplastara a varios, hasta hubo presiones del Senado para que Jim Jeffries, ex campeón retirado desde hacía seis años, volviera para enfrentar al que veían como “un negro insolente y advenedizo que se comporta como un blanco”.

El combate, que se llamó “La pelea del siglo”, tuvo lugar el 4 de julio de 1910 en Reno, Nevada, después que varios estados se negaron a albergarlo por temor a los disturbios raciales; y, como se vería tras el triunfo de Johnson por KOT en el 15° round, no estaban errados: en todo el país estallaron motines callejeros y disturbios raciales, con un saldo de 20 muertos, centenares de heridos y miles de arrestados.

Así, entonces, se inició una campaña de acoso contra el campeón, hasta arrinconarlo: en 2013, Johnson tenía una nueva novia de raza blanca, cuya madre acusó al boxeador de secuestrarla, y eso hizo que en junio fuera sentenciado a un año y medio de prisión por haber violado la llamada “Ley Mann”, que prohibía el transporte de un estado a otro de mujeres blancas con “propósitos inmorales”.

Antes que lo apresaran, el campeón se casó con la novia “secuestrada”, y huyó a Europa, en donde peleó hasta que estalló la Primera Guerra Mundial y vino a la Argentina, para hacer exhibiciones por las que fue muy bien pago.

En 1915, Johnson recibió una tentadora oferta del promotor Jack Curley, que le propuso un pacto con la Justicia de EE.UU. para volver al país sin ir a la cárcel: debía dejarse ganar para que hubiera un campeón mundial de raza blanca; aceptó y en el 25° round se tiró, perdiendo por primera vez la corona en siete años, pero no pudo regresar a su patria y debió irse de nuevo a Europa, pues lo engañaron: no hubo trato, todo había sido una farsa.

Al final, retornó a EE.UU. en 1921 para saldar la cuenta con la Justicia y cumplió una condena de nueve meses, luego de la cual siguió boxeando, pero sin que le dieran una chance de pelear por el título mundial, algo que tampoco lograría ningún púgil de color hasta que en 1937 permitieron que Joe Louis enfrentara —y destronara— a Jim Braddock.

Johnson se retiró en 1938, a los 60 años, y el 10 de junio de 1946 en Raleigh, Carolina del Norte, después que en un restaurante se negaron a servirle la cena, salió, subió furioso a su auto, y a las pocas cuadras murió en un accidente de tránsito. El guión estaba escrito y Cassius Clay, que nació en 1942, lo retomó una década y media más tarde, cuando el creador se reencarnó en “El más grande”; aunque el propio Alí diría que no más que el primer negro de la historia que fue campeón mundial de los pesados.

Sin perdón: no de Bush, y de Obama.

Los presidentes George W. Bush y Barack Obama han recibido pedidos de un senador demócrata (Harry Reid) y otro republicano (John Mc Cain) para que el gobierno otorgue un perdón póstumo a Johnson, pero sin resultados.

Roosevelt prohibió ver la paliza.

El presidente Theodore Roosevelt prohibió exhibir la película de la pelea donde Johnson le dio una paliza a Jeffries: “Provocó una desafortunada demostración de antagonismo racial, hay que detener la exhibición”.

Las mujeres y los autos: fáciles y…

A Johnson se le atribuyeron romances con dos sex symbols, Lupe Vélez y Mae West; Mistinguette, estrella del Moulin Rouge de París; y la espía alemana, Mata Hari. Decían que “ama los autos rápidos y las mujeres fáciles”

DIENTES EN EL GUANTE.

Color. ¡Cobraba más el retador!

Johnson hizo 123 peleas, ganó 77, 48 por KO, perdió 13, empató 14, y 19 terminaron sin decisión. En su época fue tan famoso en el mundo como sería Alí medio siglo más tarde.

Una postal de los problemas que debió afrontar a lo largo de su trayectoria por el color de piel, es el dato que dice que, cuando ningún rival blanco podía ganarle y hasta el Senado intercedió para lograr que Jim Jeffries, ex campeón retirado y granjero en California, volviera para retar a Johnson, erigiéndose en “la esperanza blanca”, el monarca cobró 65.000 dólares, mientras que el desafiante —cuya bolsa es siempre menor— percibió ¡120.000! Ni aún campeón, Johnson era el mejor pago. A Stanley Ketchell le ganó por KO, y… ¡dos dientes del retador quedaron incrustados en uno de sus guantes!

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